Como diseñador gráfico, me ha tocado lidiar con algunas cosas muy sencillas de evitar, pero difíciles de identificar, pues la forma en que muchos de nosotros pensamos, nos desenvolvemos en la sociedad, y llevamos nuestras carreras, determina en gran medida la forma en que somos percibidos en la sociedad del capitalismo.

Para ejemplificar lo que quiero decir voy a poner un ejemplo:

Un cliente viene a vernos por recomendación de un conocido (que puede o no puede haber sido cliente). Este nuevo cliente tiene la necesidad de crear un logotipo para su empresa (digamos, un vendedor de joyería de plata). Esta empresa es simplemente un local en una esquina cerca de una avenida concurrida en la que los coches poco se detienen. Las personas que atienden son por lo general jovencitas de no menos de 18 años que poco saben de joyería, entonces, el único hombre que atiende es el dueño, quien tiene una actitud emprendedora y busca ofrecer lo mejor a sus clientes.

Hasta aquí todo bien. El diseñador llega al lugar de trabajo del cliente, quien hace todo lo posible por no verse carente de nada, aunque ya se sabe que necesita los servicios de un diseñador. En fin. Lo primero que uno nota es que el cliente tiene un vasto conocimiento sobre lo que hace, tanto como se lo exija su negocio, así que lo podemos considerar un experto en el tema.

Él explica que necesita un logotipo porque hace unas semanas fue a una convención de distribuidores de plata y no tenía tarjetas de presentación ni logotipo bordado en su camisa, como sus competidores; así se dio cuenta de su falta de identidad corporativa. Eso no es todo, quiere que lo que tiene ahora se vea de mejor manera y que la imagen refleje una identidad más seria y atractiva para el público femenino (que es su target genera).

El diseñador hace algunas preguntas y se encierra en su cuartito unos días para ver que es lo que sale de tanto pensar en un logotipo que diga PLATA o JOYERÍA.

Este tipo de ejercicios son muy interesantes en la universidad, pero lo malo es que muchas veces son ejercicios con clientes ficticios o clientes fáciles (como el negocio el papá, el tío, el vecino, el amigo, etc.)

Así, nos devanamos los sesos en decir JOYERÍA de mil formas posibles hasta que vemos una que nos convence y la desarrollamos de diferentes formas para presentar al último 3 versiones que puedan o no ser de la que salga una definitiva. El cliente está satisfecho con su logotipo (en parte) ya hasta después de la cuarta revisión y casi siempre con los elementos cambiados, tanto que hasta parece un híbrido entre las 3 versiones y lo que opina la esposa del cliente.

Al final, el cliente no está seguro de que su diseño de identidad sea lo suficientemente atractivo, hasta que lo presume y se va acostumbrando a él…

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Uno de los más grandes errores de un diseñador en ciernes (como quien aquí escribe) es darse aires de experto en diseño, siendo que el único experto en el tema que le compete al cliente, es precisamente el cliente (con algunas honrosas excepciones en las que los diseñadores están simplemente más acostumbrados a pensar “out of the box”). Como el que domina el tema del que se habla, nuestra primerísima fuente de información siempre será el cliente, quien seguramente tendrá hasta literatura sobre el tema que nos pueda ayudar en nuestro andar profesional.

Segundo, es realmente difícil llegar a acuerdos con el cliente, si éste no se da cuenta de todo el proceso que tenemos que llevar antes de empezar a dar ideas. Por experiencia, cuando le platico a un posible cliente las formas y métodos que utilizo para llegar a conclusiones (no lo hago solo, pues tengo socios), es más posible que entienda que tenemos que tener segura la idea principal sobre la que vamos a trabajar (brief) en la que ya se han analizado todos los mensajes que el cliente pretende transmitir, así como las filosofías que rigen su desarrollo profesional. Todo esto nos ayudará a tener una idea mucho más clara sobre quién es el cliente y qué es lo que necesita.

Tercero, a veces la única persona que puede darnos una herramienta para el desarrollo de su proyecto es el cliente mismo. Si él sabe los procesos de trabajo con los que espera obtener resultados, conviene en este caso inventar entre los dos (cliente/diseñador) un sistema o código que servirá para compartir información, definir entregas, acordar pagos, etc.

Cuarto, no tengan miedo a hablar de dinero. Ustedes saben lo que habrán de cobrar (o tal vez no) pero es bueno siempre decir PRESUPUESTOS (pre- supuestos) en los que se mencione al final que “este presupuesto pretende dar un aproximado de lo que cuesta el proyecto. En la proyección final del precio se reflejarán las variantes que están por acordarse. Este precio puede cambiar (ya sea aumentar o disminuir), así que este documento sólo sirve de referencia.”

El hecho de tener las cosas escritas (y guardadas en el ordenador) no es para hacerse el importante, sino para buscar tener una mejor organización y evitar imprevistos del tipo “… en el papel que me dieron dice que es menos” o cosas o el estilo.

Quinto, lleven registro de todo. Si hablan por teléfono y acuerdan algo, anótenlo en una agenda, un archivo de Word o Pages, en un calendario o algo parecido, así habrá forma de llevar un conteo de lo que ya está resuelto y lo que falta.

Sexto, no sólo es tu chamba, sino también la del cliente. No tengas miedo de exigirle información vital para tu trabajo, el gustoso aceptará que tengas dudas y las aclares siempre con él.

Séptimo, nunca dejes de comunicarte. Puede que lleves una semana trabajando, y el cliente no sepa de ti. Eso les angustia, pues parece que les haces perder dinero aunque no te hayan pagado nada.

Octavo, siempre pide anticipo de mínimo 40%. Cualquier eventualidad puede hacer que el proyecto quede trunco, y si eres lo suficientemente listo con el contrato o las cotizaciones, podrás conservar ese dinero pues te corresponde por el tiempo y esfuerzo invertidos.

Noveno, no seas un mamón. El que evita ser humilde con su trabajo puede llevarse chascos muy agrios al darse cuenta que no es la diva del diseño que creía.

Décimo, si tu trabajo no te gusta, si el cliente te cae mal, si simplemente no estáis cómodo con el proyecto o tu trabajo, déjalo. Ya habrá más oportunidades que te ayuden a disfrutar este bonito mundo del diseño.

Recuerda:

– En esta vida es más fácil ganar dinero que ganar respeto. Cuando te ganas el respeto de la gente (siendo amable, sencillo, tranquilo, bien portado, cuidadoso y bien hablado) te abres más posibilidades que correteando el billete al final de la caña de pescar.

– El diseñador es casi tan prescindible como el médico (si vale la comparación). Nada se compara con un buen diagnóstico, luego una buena medicina.

– Saluda a todos amablemente y respeta sus trabajos, muestra interés en ellos y sus profesiones, así como en la cotidianeidad de la vida, eso te ayudará a no perder plática con ellos y de paso aprenderás lecciones de vida..

– No temas convertirte en amigo de alguno de tus clientes, yo así me he hecho de muy buenos amigos.

– Disfruta tu vida… haz un recuento de lo que hiciste en el día, y lo que harás mañana… así aprenderás a ver tu vida más sencilla y organizada.

Escribió:

Alfredo Rocha